Peluches contra el mal de ojo en Albania

Peluches contra el mal de ojo en Albania

Peluches contra el mal de ojo, esto aunque suene extraño, es utilizado en Albania. Un país Euroasiático, antiguamente musulmán antes de entrar en el régimen comunista de Enver Hoxha, quien miraba las supersticiones y maleficios como algo retrógrado e innecesario. Lo único que se continuó utilizando abiertamente fue el Condolecí, un monigote feo y vestido con ropa sucia que se utilizaba comúnmente para espantar aves de los huertos y sembradíos. Tras el cambio de sistema hace 20 años, el trabajo de estos peluches en Albania pasó de espantar pájaros a espantar espíritus malignos.

Peluches contra el mal de ojo en las ventanas de Albania

Suspendidos en los balcones y las ventanas, están los peluches en Albania. Sus cuerpos generalmente se encuentran deformes, su color brillante ha desaparecido por efecto del sol y la lluvia; cuelgan tambaleándose con el viento en ventanas del país Euroasiático. A los conejos de peluche se les cuelga de las orejas, en cambio los de gran tamaño son amarra con alambre, para evitar que se caigan por el peso del agua cuando llueva.

Primer país ateo del mundo que cuelga peluches en sus ventanas para evitar maleficios y mal de ojo

De población mayormente musulmana, Albania pasó a ser la primera nación atea en el mundo, donde los clérigos fueron fusilados, aislados, llevados a campos de trabajo forzado. Las supersticiones fueron igualmente prohibidas y eliminadas a la fuerza por el régimen de Enver Hoxha.

¿Tiene que ver la religión?

La respuesta es un encogimiento de hombros. Independientemente de si seas católico o musulmán, la religión no importa, los peluches contra el mal de ojo contrarrestan la envidia. “Si tienes algo bonito otros te lo van a querer quitar” dicen las personas. “Si el mal de ojo ve una piedra bonita, la va a querer partir”, explica un residente de las montañas del sudeste de Albania.

El uso de peluches contra el mal de ojo, comenzó a popularizarse con la caída del régimen comunista. Además de usar peluches, muchos albaneses sacrifican animales al inicio de la construcción de sus casas, especialmente carneros, cuyos cuernos se cuelgan encima de la puerta para evitar el derramamiento de sangre humana durante su vida. Ante un peligro imaginario, muchas madres no exponen al público al bebé recién nacido, mientras que las amigas íntimas que lo visitan deben escupir al niño diciendo Marshalla (Que Dios te proteja), tocarse los genitales o algo de madera para romper un supuesto hechizo. Según Eldon Gjikaj, profesor de literatura en la Universidad de Tirana, estas tradiciones están reflejadas también en el folclore albanés, donde abundan canciones dedicadas a los daños que provoca el mal de ojo.

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