¿Por qué nos damos regalos?

¿Por qué nos damos regalos?

¿Y por qué no? Todo depende de qué, cuándo, cómo y dónde lo hagamos. Si lo hacemos por las razones correctas, puede ser uno de los placeres más grandes de la vida. Y si algo nos hace felices… vale la pena.

Las civilizaciones y las tradiciones nos han enseñado que existen fiestas especiales en donde “debemos” dar regalos, tales como el cumpleaños, navidad, día de la madre, día del padre, día del amor y la amistad, etc. En general se critica que son fechas que simplemente pretenden aumentar las ventas del comercio. Cierto, si se mira solamente con esa óptica. Pero, ¿quién no se acuerda de los años de infancia, cuando la ilusión mezclada con ansiedad y felicidad hacía que los días fueran interminables para que finalmente llegara el cumpleaños o la Navidad? ¿Alguien quiere que sus hijos o sus nietos no vivan esa experiencia?

Dichas fechas son importantes porque nos hacen celebrar la vida. Y si el mensaje es celebrar un año más de estar vivos, nuevamente vale la pena.

Pero más allá de las famosas fechas tradicionales, los regalos siempre nos permiten expresar algo. Por encima de todo, celebrar la vida es la mejor excusa para regalar: celebrar que tenemos un amigo, que podemos agradecer una ayuda, que alguien nos hace felices, que pasamos un buen momento, que están para nosotros, que nos han enseñado o que las metas se han cumplido… la lista es infinita siempre y cuando tengamos claro que es importante ser consientes de vivir cada momento o cada ocasión como un gran regalo de la vida misma.

Por tanto, no “debemos” dar regalos porque toca, “debemos” dar regalos porque la vida vale la pena. Así que la próxima vez que tengas que dar un regalo hazlo contento, no necesitas dar un regalo carísimo, sino un regalo que exprese lo que sientes.

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